KEPA TXAPARTEGI

EN HONDARRIBIA,

TUVIMOS QUE DESTRUIR

PARTE DE NUESTRAS

RAÍCES

Nos habla del Jaizkibel, del txakolí y de mucho más

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on whatsapp
Share on telegram

Kepa Txapartegi. Sutan Erretegia.

EL MONTE JAIZKIBEL

ES UN REGALO

DE LA VIDA...

Y SIEMPRE ESTÁ AHÍ

El monte Jaizkibel es la vida de Kepa. Desde pequeño correteaba tras el ganado, a darles de comer, a vigilar en dónde se encontraba. Y el monte ha estado ahí siempre, a lo largo de su vida ahí ha estado el monte para hacer deporte… correr, la bici.

Es para Kepa como un regalo de la vida. Que huele a salitre, barro, hojas húmedas, madera, hierba y es agua contra las rocas y ramas en movimiento.

Antxoas de Hondarribia

Este monte tan querido nos protege de los vientos del noroeste y nos ofrece unas tierras fértiles. Y en ellas podemos observar huertas y también campos de vides, que identifican a nuestra ciudad con el txakoli, elaborado con las uvas ondarribi zuri y ondarribi beltz. Con ese nombre, podemos decir que estamos en la casa del txakolí, ¿no?

De aquellos vinos ácidos tradicionales que se hacía para el consumo propio prácticamente, que incluso la Iglesia prohibió para la celebración de las misas por su escasa calidad, llamándoles “vinagrillo”, hasta nuestro días, ha pasado mucho tiempo. Y hoy en día tenemos un gran vino, como el que cada año producen estas vides por las que paseamos, en nuestra campiña y que se elaboran en la bodega Hiruzta.

El txakolí forma parte de la vida de los hondarribiarras.
Fijaos hasta qué punto, que existe un escudo de la ciudad de 1604, anterior al de armas que ha llegado a nuestros días y que hace honor a todos sus méritos en la defensa del territorio, que tiene dos racimos de uva en lo alto de los cuarteles heráldicos.

Se cree que a partir de 1638, año del último sitio que sufrió la ciudad y que se conmemora cada año en la gran fiesta de Hondarribia el 8 de septiembre, se abandonó la producción de txakolí. Las causas tienen que ver con esos sitios que padecía y la voluntad de no dejar alimentos fuera de la ciudad amurallada, que favorecieran al enemigo.

Casi cuatrocientos años después, la familia Rekalde, el padre y sus dos hijos, recuperaron para Hondarribia la producción de este vino tan nuestro, el txakolí Hiruzta… cosecha de tres en traducción del euskera, y el vino de todos nosotros.

Kepa Txapartegi
Sutan Erretegia
Hondarribia