MIKEL MUÑOZ

HONDARRIBIA,

SU ARRABAL

Y LAS BALLENAS

Paseamos con Mikel por La Marina, recondando
los murmullos, sus olores, los colores de sus casas…

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Mikel Muñoz. Gran Sol

HOY LA VEMOS COMO UNA

CALLE BULLICIOSA

Y FUE EL ARRABAL DE

HONDARRIBIA,

EL DE LOS PESCADORES

Paseamos con Mikel por este arrabal de pescadores, que no podían vivir intramuros debido a la rígidas leyes de queda y vigilancia de la ciudad amurallada. Nos cuenta sus sensaciones y sus recuerdos por la calle central de La Marina y nos da a conocer una fantástica historia de ballenas.

Huevo mollete con migas de chipirón begihaundi

Mikel nos cuenta cómo le encantaba de pequeño ir a la cocina del bar, en donde iba robando algún calamar por aquí y picaba cositas por allí. Hoy ir a la cocina significa otra cosa para él, una cocina en la que lleva media vida trabajando.

Tira de recuerdos para describir las anchoas fritas del bar, que compraban en la misma calle San Pedro a Tatxo, que preparaba un humilde puesto con una caja, un peso y poco más.

Lo más identificado de La Marina es para Mikel el murmullo de las gentes y su pasear de un lado a otro, entre olores a mar, brasas…

Paseamos con Mikel por este arrabal de pescadores, que no podían vivir intramuros debido a la rígidas leyes de queda y vigilancia de la ciudad amurallada.
Así es que ellos vivían en humildes casas pegadas al monte, al final del arenal que era toda esta zona, para resguardarse de mareas y oleajes.
Y eran humildes casas porque no podían ser sólidas, ya que esto permitiría al enemigo que atacara la ciudad hacerse fuerte en ellas.

Hoy el barrio es la Hondarribia bulliciosa, que respira y vive entre paisanos y foráneos, junto a bares y restaurantes, pintxos y terrazas.
Todo ello bajo atractivas casas de colores llamativos, pintadas sus balconadas y ventanas con la pintura sobrante de acicalar los barcos de pesca. Lógicamente años atrás, pero es una tradición que se mantiene.

Todo esto era un arenal y a estas playas venían a morir las ballenas. Al menos una.
La que se halló en las labores de restauración de una preciosa casa, posiblemente la más antigua del arrabal de pescados, que es de 1575, y que hoy es el restaurante Zeria.
Los huesos encontrados datan de 1464, según el análisis del carbono 14, o sea, anterior a que se construyera la casa.
El occipital de esa ballena se encuentra en la entrada del restaurante.

¿Y sabes qué quiere decir Zeria, el nombre que luce el restaurante?
¿Euskera?
Pues no. Los griegos llamaban así a una subclase de ballena que desgraciadamente está extinguida.
Pero los pescadores de Hondarribia adoptaron el término para llamar de esta manera a las ballenas.
La modernidad nos traería después el término balea.

Bueno, y entre todas estas casas encantadoras vive la Hondarribia de pintxos.
Con ellos, y a pesar de tantas batallas y guerras, hemos sabido conquistar a los franceses y a gourmets de todo el mundo, desde Japón hasta Estados Unidos.
Mikel nos prepara algo tan tradicional como un huevo pasado por agua de toda la vida, pero al estilo innovador del Gran Sol, con unas migas de chipirón begihaundi, el de nuestra bahía.

Mikel Muñoz
Gran Sol
Hondarribia