Estamos siendo testigos en las últimas fechas del sobrecogedor ímpetu de la mar, los daños que está produciendo en la costa, la espectacularidad de las olas y la profusión de imágenes que nos llegan por todos los medios de la belleza de estos fenómenos naturales.
La historia, nuestra historia al borde del Cantábrico está jalonada de episodios de este tipo, y recatamos aquí un suceso trágico del que se cumplió el centenario en enero de 2013 y que recogía en las páginas de El Diario Vasco el periodista Koldo Ortega: “la catástrofe de Fuenterrabía”. Este fue el reportaje que publicó.
El naufragio del ‘Constantino Chiquia’
KOLDO ORTEGA
EL DIARIO VASCO
5 de enero de 2013
Ayer fue uno de esos días especialmente marcados en la historia de Hondarribia y, por tanto, en la vida de cada hondarribitarra. Ayer se cumplió el centenario de una de las desgracias más impactantes para el pueblo de Hondarribia, hasta el punto que la prensa del momento lo definió como «la catástrofe de Fuenterrabía». En efecto, la noche del cuatro al cinco de enero del año 1913 el vapor pesquero ‘Constantino Chiquia’ sufrió un accidente de los que dejan huella en la historia de los hombres de la mar. Por desgracia, no fue la primera ni la última vez en que la mar se cobra, de manera inexorable, el mayor de los tributos: la vida humana.
A lo largo de la historia de Hondarribia ha sido muy elevado el número de muertos en la mar en diversos menesteres, tanto en lugares alejados – Indias, América, Terranova- como delante de casa en la misma barra. En los últimos 400 años los hijos de Hondarribia muertos o náufragos en la mar se sitúan en torno a los mil y de ellos unos cien en la misma barra al llegar o salir a la mar. Hoy vamos a recordar el naufragio del ‘Constantino Chiquia’ de la mano de los periodistas de la época y del archivo del Ayuntamiento.
El naufragio en la prensa
La prensa del momento reflejó a partir del día siguiente del accidente, la magnitud de la tragedia o catástrofe acaecida en la barra de Hondarribia. Así el Mundo Gráfico en su edición del día 5 dedicó un meritorio reportaje acompañado de material fotográfico de gran impacto bajo el título ‘La catástrofe de Fuenterrabía’.
«He aquí el relato: A la caída de la tarde del sábado 4 de enero del actual, llegaron a San Sebastián tres vapores pequeños cargados de sardinas, haciéndose a la mar ya de noche para regresar al pueblo de procedencia. En vista del aspecto imponente de la mar uno de los vapores se quedó en Pasajes, continuando los otros dos rumbos a Fuenterrabía. Capeando el temporal permaneció a la vista del pueblo uno de éstos, entretanto que el otro denominado ‘Constantino Txikiya’continuaba su marcha, confiando sus tripulantes en las buenas condiciones marneras del barco, que era de reciente construcción. Un furioso golpe de mar ocasionó el naufragio que ha costado la vida a doce de sus tripulantes, habiéndose salvado únicamente dos, el fogonero (Bonifacio Virto) y el patrón Pedro Berrotaran».
Blanco y Negro, de Madrid ,el 12 de enero de 1913 hizo otro impresionante reportaje narrando el siniestro acaecido hacia las once de la noche. Añade en su crónica los datos del final del barco: «Inútil fue la desesperada lucha que los pescadores mantuvieron para defender la embarcación. Un golpe de mar arrebató de la cubierta a dos hombres, que ya no volvieron a ser vistos por sus compañeros. Media hora pudo mantenerse el Constantino, que al fin, al incesante empuje de las olas se hundió. Agarrados a la quilla del barco permanecieron algun tiempo los tripulantes hasta sucumbir ante la violencia de las olas. A las nueve de la mañana comenzó el mar a arrojar cadáveres a la playa, que fueron identificados prontamente».
Respuesta del Ayuntamiento
El Ayuntamiento de Hondarribia reunido el 6 de enero de 1913, presidido por el alcalde Melchor Errazkin, da cuenta de «la tremenda desgracia que aflige en estos momentos a la Ciudad relativa al naufragio del vapor pesquero ‘Constantino chiquia’».
Tras dedicar un recuerdo cariñoso a las víctimas y comunicar la gran cantidad de condolencias recibidas, el Ayuntamiento decide «adoptar medidas urgentísimas que sirvan de garantía a las vidas tantas veces en peligro de nuestros bravos marinos y se tomen los acuerdos necesarios a fin de acudir a remediar la situación angustiosa de las pobres familias».
He aquí la lista de los acuerdos adoptados por el Ayuntamiento. Primero: Abrir una suscripción nacional para aliviar económicamente a las familias. El Ayuntamiento dona la cantidad de 3.000 pesetas y decide pedir la colaboración de personas, entidades e instituciones de todo el Estado. Segundo: Celebrar los funerales por las víctimas el 14 de enero. Tercero: Colocar dos focos de gran intensidad en el paraje ‘bajo Castillo Higuer’, para permitir a los marinos maniobrar con mayor seguridad. Cuarto: Recabar de la Sociedad de Salvamentos Marítimos de la Provincia la instalación inmediata de aparatos salvavidas y la colocación de boyas para amarre de embarcaciones en la bahía y recabar de los poderes públicos se lleven a cabo las obras necesarias en este puerto, para dejar segura la entrada de la barra y para que la vida del pescador esté garantizada en lo que sea posible.
Ni qué decir tiene que la respuesta dada desde el pueblo para socorrer y acompañar a las familias de los náufragos fue ejemplar. En la misma participó todo Hondarribia y, a la vez, según listas de donativos conservadas en el archivo la participación fue muy general, llegando a las 390 aportaciones en el Estado y extranjero, desde el Rey y la Reina hasta los sirvientes de las casas pudientes de Hondarribia. Mención especial merecen la casi totalidad de los ayuntamientos de Gipuzkoa en su participación, así como algunos de Bizkaia e incluso el de Madrid, sin olvidar algunos de los centros vascos en Latinoamérica.
El conjunto de lo recaudado se repartió a las familias de las víctimas en igual cantidad para las viudas e hijos mayores de 14 años (674’45 pesetas) y el doble para los hijos menores de 14 años (1348’90 pesetas).
Así se recogió en la época la lista de los fallecidos: son éstos Ascensión Sagarzazu, de 48 años, que deja viuda y cinco hijos; Robustiano Alcain, de 57 años, deja viuda y tres hijos; Marcelo Olascoaga, de 21 años, soltero; Nicolás Virto, hermano del fogonero salvado, de 28 años, deja viuda y dos hijos; Isidro Lecuona, de 40 años, deja viuda y cinco hijos; Antonio Lecuona, hijo del anterior, de 16 años; Vicente Turinaco, de 44 años, casado y sin hijos; Manuel Munárriz, de 28 años, deja viuda y dos hijos; Mariano Arribillaga, de 20 años, soltero; Pedro Oldain, de 36 años, deja viuda y tres hijos; Fernando Alcain, de 49 años, casado y sin hijos, y José María Turmar, de 40 años, deja viuda y dos hijos.
Así el relato de lo ocurrido en aquel comienzo de año de 1913. Hoy, cien años después, el recuerdo ha seguido presente, en mayor o menor medida, en el corazón de muchas personas, sobre todo de las familias de Hondarribia.




