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| Imagen de la edición digital de ABC Viajar |
Os reproducimos este artículo de Patricia Espinosa de los Monteros, escrito recientemente en ABC Viajar, sobre los veranos en nuestra Hondarribia, Fuenterrabia aún para muchos de nuestros visitantes. Disfrutadlo. Muchas gracias Patricia.
PATRICIA ESPINOSA DE LOS MONTEROS
ABC VIAJAR • DESTINOS
2 DE AGOSTO DE 2013
Antes las visitas eran más largas, duraban tres meses, ahora apenas quince días, pero sus visitantes siguen acudiendo a los mismo lugares neurálgicos
Yo tenía un primo alto y grande, pelirrojo, con barba cerrada y bien cortada, que imponía mucho porque parecía muy serio. Perteneció durante muchos años a la Compañía Mixta (sólo los que han vivido el Alarde de Fuenterrabía saben a qué me refiero), pero significa cariño, pasión, respeto y mucho amor a este pueblo, el último antes de llegar a Francia, en el que había pasado todos los veranos y los mejores momentos de su vida y a donde se retiró para irse viendo el mar, cuando supo que le había llegado su momento.
Fuenterrabía -Hondarribia- es un sitio único, el último pueblo antes de llegar a la frontera de Irún. Desde sus muelles y casi al alcance de la mano, se tocan las playas francesas. Tiene campos de maíz, montes, playas, acantilados, el faro y la isla de los Faisanes, donde cuentan que se casaron el Rey Luis XIV de Francia y la Infanta María Teresa de España. Tiene una gran flota pesquera, sus traineras son un mito y sus pinchos… también. Fue castellano, navarro, francés y vuelta otra vez a empezar. Porque su historia es una sucesión de batallas, resistencias, valores y leyendas. Y fue, además, un prospero puerto de donde salían y a donde llegaban mercancías de toda Europa. Pero también la han hecho famosa sus veranos. Desde hace más de 50 años es destino de lujo para los que huyen del calor, para los amantes del golf, para los que les encanta comer y no les gustan las ciudades ni los veraneos sofisticados. Desde los veranos de tres meses, de familias numerosas y baúles con equipajes gigantes, hasta los veranos actuales de quince días, tráfico de coches, turnos de padres, de niños, zonas wifis, helados y mucho surf.
En aquellos veranos los planes eran playa por la mañana, sombrillas familiares, campeonatos de clavo o de saltar volcanes antes del baño. De regreso a casa, un paseo obligado por el bar La Muela, ya desaparecido, para tomar un pincho de ensaladilla rusa y a casa. La mitad de los veraneantes se alojaban en dos puntos neurálgicos: El esquinazo del Miramar y los apartamentos Iterlimen. Desde allí se gestionaban los planes de la tarde y se negociaban los grupos, se quedaba para la chocolatada hacia Guadalupe o hacia El Esqueleto. A las cinco de la tarde se repartían las motos, las velosolex, las vespinos y las montesas, con ruido y emoción. Había también tres días obligados de excursión con padres: uno a Igueldo en San Sebastián y donde siempre te asabas de calor, otro a los Arcos de Bayona a tomar chocolate, y en septiembre el último a los almacenes Biarritz Bonheur (actuales Lafayette) donde te compraban todo lo que un niño podía desear en su vida de estudiante.
Ahora el verano ha cambiado un poco, ya no se va a la playa del pueblo, sino que se coge el barquito y se cruza a la de Hendaya, ya no hay clavo ni volcanes, sino «body board» y «frisbiees».
Pero las meriendas y los pinchos en la Calle San Pedro no cambian, las excursiones siguen siendo invariables, las Peñas de Aya, Lesaka, Larrumbe y San Marcial siguen ahí y, desde luego, cuando hace malo, no se perdona cruzar al vecino San Juan de Luz para hacerse con los vaqueros o las «zapas» en la tienda más cool de la rue Gambetta.
Qué hacer
El 8 de septiembre se puede participar en El Alarde, vestirse de blanco con pañuelo rojoy salir a la calle. Son las fiestas de la Virgen de Guadalupe.
Tomar pinchos
Acudir a El Gran Sol, que ha ganado el premio de los pinchos medievales este año en Portugal. El Goxodenda y el Alcanadre, en la calle San Pedro, y el Maite para tomar anchoas o gambas.
Dónde alojarse
El Hostal Zaragoza, delante del Parador, un refugio de artistas donde coincidieron Lorca, Buñuel, Dalí y Picasso en la boda de Eduardo Ugarte Pagés.

