CAÑONERO MAC-MAHÓN, EL BARCO QUE NO HACÍA FALTA QUE NAVEGARA

Txetxu
HARRESI- Asociación de Vecinos del Casco Histórico de Hondarribia

Durante 45 años (1888-1932), cualquiera que mirara desde el Casco Histórico hacia Hendaya veía siempre la misma imagen: la del cañonero Mac-Mahón fondeado plácidamente en el Puntal.

El cañonero de 2ª clase Mac-Mahón era un buque único en su categoría, clasificado como “nave experimental”. Por primera vez en el estado se construía un buque en acero galvanizado. Se tardó tres meses en construir el casco, se desmontó por completo para galvanizarlo y se volvió a montar pieza a pieza. Su botadura se llevó a cabo el 21 de agosto de 1887, sólo ocho meses después de iniciados los trabajos.

Pero no se sabe en qué estaría pensando el Ministerio de Marina cuando exigió que al Mac-Mahón se le instalaran los motores del Turia y del Somorrostro, dos cañoneros que habían sido dados de baja tras la Tercera Guerra Carlista. Un buque ultramoderno con dos corazones ya cansados, responsables en buena medida de que fuera, en muchas ocasiones, más lento que los barcos a los que tenía que vigilar.

Tras un año de pruebas de navegación, fue destinado a la bahía de Txingudi como guardacostas en tareas de control de la pesca y el contrabando. Sus 27,63 metros de eslora quedaron fondeados en el Puntal. Su misión era, en realidad, actuar como “buque estacionario” dejando claro dónde estaba la frontera entre ambos estados. Lo que también era la ocupación del Javelot, la patrullera francesa fondeada en la otra orilla.

Nunca intervino en una acción militar y su navegación se limitaba, casi siempre, a cortas singladuras hasta Pasajes o San Sebastián. La mayor carga de trabajo le llegaba en los meses de agosto, cuando, después de sacarle brillo, servía de escolta al yate Giralda de la familia real o acompañaba al rey en las regatas de veleros en las que participaba. El resto del año, el buque, su comandante y sus quince marineros permanecían en posición “estacionaria” en el Puntal.

La tripulación del buque estaba perfectamente integrada en la ciudad. Entre otras cosas, porque muchos de los que hacían su servicio militar en el barco eran hondarribiarras. En las postales de Hondarribia de finales del XIX y principios del XX es fácil ver marineros de uniforme. Era la tripulación del Mac-Mahón.

El Comandante del cañonero participaba en los actos sociales de la Ciudad. Intervenía junto al Abad mayor de la Cofradía en la ceremonia de la Kutxa Entrega, marchaba junto al Alcalde en la procesión de Semana Santa y, junto a su homólogo del Javelot, establecía la reglamentación de pesca en la bahía y resolvía los conflictos que se planteaban entre los pescadores de ambas orillas.

El ABC publicaba en 1930:“El estado de este barco es tal, que, por carecer de lo más necesario para que pueda cumplir su misión, ni siquiera tiene calderas. El Mac-Mahón es incapaz, por tanto, de navegar”. A lo que contestó, herido en su orgullo castrense, el Ministro de Marina afirmando que “aunque el barco no puede navegar, no hace falta ninguna que navegue”, y argumentando que en la tripulación “están todos contentísimos, como lo prueba el sin número de peticiones que hay siempre para ocupar esos destinos”. No es de extrañar, hacían la mili en casa y no parece que fuera el destino más exigente. El 28 de diciembre de 1932 el Mac-Mahón fue remolcado a Bilbao para ser desguazado.

Fuentes:
Martínez de Velasco, E. (1887) “Marina española de guerra. El crucero Alfonso XII y el cañonero Mac-Mahón”, La Ilustración Española y Americana, Año XXXI, Nº 33, 8 de septiembre de 1887. p. 131
ABC (1905-1932). Diversos números