EL TRANVÍA QUE MANUEL AZAÑA, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA CONSIDERÓ “ABSURDO”

El tranvia a su paso por la play, a la mizquierda, y estacionado en la Alemda.

Tetxu
HARRESI- Asociación de Vecinos del Casco Histórico de Hondarribia

El transporte colectivo por tierra se desarrolla con la aparición de la locomotora de vapor en el siglo XIX. Pero, en el interior de las ciudades y en trayectos interurbanos cortos, el tren de vapor no era una solución viable. Demasiado ruidoso, contaminante, grande y pesado. Por ello, a finales de aquel siglo, empezaron a proliferar los tranvías. La circulación sobre raíles disminuía el rozamiento con lo que no eran necesarias elevadas potencias de arrastre y, además, permitían circular sobre raíles por las polvorientas carreteras de entonces en las que –cada dos por tres- quedaban atascados los carruajes.

En 1896, la Diputación de Guipúzcoa autorizó a la Compañía del Tranvía de Irún a prolongar hasta Hondarribia la línea del tranvía de tracción animal –tranvía de sangre, que se decía entonces- que ya existía en Irún, desde 1893, entre la plaza de San Juan y la estación del Norte. El 20 de junio de 1896, se inauguró el tramo del puente del ferrocarril de Irún a la Alameda de Hondarribia, al estilo de la época. Con una corrida de toros. Para la inauguración “En la estación de Irún se hallarán dispuestos varios tranvías que harán el trayecto hasta Fuenterrabía en 15 minutos”. Todo un récord para un recorrido de 3.400 metros, que se amplió a 4,5 kilómetros con la llegada del tranvía hasta la playa, en 1898.

Los tranvías se cruzaban en Mendelu. Y allí, el que iba en dirección a Irún,  enganchaba un mulo más para poder subir la cuesta de Zubimusu. Aunque, si el tranvía iba muy cargado, también los viajeros tenían que bajarse para empujar.

Para unos viajeros “era un paseo delicioso”, pero no para otros. El joven Manuel Azaña –futuro Presidente de la República- anotó en su diario el 14 de julio de 1918, “Viaje a Fuenterrabía, con el proyecto de instalarnos allí; calor, carestía; tranvía de mulas desde Irún, absurdo. Cocean y descarrilan. Desistimos. Buscamos casa en San Sebastián y nos mudamos a ella por la noche”.

Cuando Manuel Azaña visitó Hondarribia –o, más bien, escapó de ella- este era el único tranvía de sangre existente ya en Gipuzkoa. Los demás hacía ya tiempo que eran eléctricos. Ya estaba autorizada su electrificación desde 1914, pero el proyecto era muy costoso para la empresa concesionaria que solicitó subvenciones a los ayuntamientos de Irún y Hondarribia. Subvenciones que fueron denegadas.

Hay que tener en cuenta que, en aquella época, el transporte colectivo era una forma de aumentar la visita de viajeros y touristas. Todavía no estaba desarrollada la idea de transporte público, en el sentido de facilitar la movilidad de los propios ciudadanos y -menos aún- que los poderes públicos tuvieran que invertir dinero en ello. Los problemas económicos retrasaron la inauguración del tranvía eléctrico hasta el 29 de octubre de 1919, provocando un aumento notable de las tarifas y una disminución de la frecuencia de servicios. Insatisfechas con el resultado, las autoridades locales civiles y religiosas boicotearon la inauguración no asistiendo a ella.

La línea de tranvía Irún-Fuenterrabía, de poca rentabilidad cuando no deficitaria, recibió la puntilla en 1935 cuando a la propia empresa se le autorizó a establecer una línea de autobuses Fuenterrabía-Irún-San Sebastián. Al pobre tranvía le había surgido la competencia en su propia casa. Siguió funcionando hasta 1953, cuando, acercándose la fecha de reversión, la sociedad concesionaria solicitó abandonar la explotación. El Ayuntamiento de Hondarribia y la Jefatura de Obras Públicas respondieron que “creen conveniente acceder a ello, no sólo por no haber perjuicio para el usuario al existir ya el servicio de autobuses, que puede incrementarse, sino por el gran beneficio que produciría al permitir la modernización de la carretera, imposible de conseguir mientras subsistan las vías del tranvía”. El tranvía Irún-Fuenterrabía dejó de circular el 19 de junio de 1953, sesenta años después de su inauguración.

Fuentes:
Olaizola, J.(1989) , Los tranvías de Gipuzkoa (3): Los tranvías de Hernani y de Fuenterrabía, Revista Carril, Nº 26, marzo de 1989, pp.40-42
Gaceta de Madrid, B.O.E., y prensa de la época