HONDARRIBIA, EL ENCANTO DE SUS HOTELES CON HISTORIA

Hondarribia cuenta con muchos atractivos. Uno de ellos son sus hoteles del Casco Histórico, ubicados en edificios singulares, con mucha historia. Os reproducimos un reportaje realizado por Joel Iglesias y publicado recientemente en El Diario Vasco.

VISITA HONDARRIBIA

Parador de Hondarribia en la Plaza de Armas del Casco Histórico. Fotografía de Mandrágora Estudio

Visitamos alojamientos de Hondarribia que, en algunos casos, se asientan sobre edificios que fueron construidos hace varios siglos. La mayor parte de los clientes, en especial los extranjeros, «se quedan alucinados» con estos inmuebles, según dicen sus responsables

JOEL IGLESIAS
EL DIARIO VASCO
Son alojamientos que tienen un encanto especial. No sólo por el entorno en el que están situados en pleno casco histórico hondarribitarra sino también por el propio atractivo de los edificios que los acogen. Son hoteles que han encontrado acomodo en construcciones levantadas en algunos casos hace varios siglos y que, a pesar de haber sido renovadas para su nueva función, aún conservan elementos y, sobre todo, la esencia de aquella época.

Estas características históricas permiten a estos establecimientos ofrecer estancias singulares. Es evidente que no hay dos hoteles iguales. Como mucho los puede haber parecidos. Pero en este caso, las similitudes desaparecen por completo. Cada uno de ellos posee un patrimonio inherente, unas características propias de las que disfruta el cliente el alojado y que los convierte en alojamientos únicos.
En la localidad, hay varios alojamientos de este tipo, precisamente favorecidos por la zona en la que se encuentran ubicados como es la parte vieja. En este reportaje, visitaremos el Parador, en Arma Plaza; el Hotel Obispo, en la plaza que lleva su mismo nombre; y el Palacete, situado en Gipuzkoa Plaza en un edificio mucho más reciente que los otros dos, ya que es de mediados del siglo XX.

Parador Carlos V
«Les suele sorprender cómo es el edificio por dentro»
El imponente Castillo Carlos V, convertido en Parador hace décadas, es quizá el máximo exponente de estos alojamientos. Esta construcción defensiva, levantada en el siglo X y mandada remodelar por el citado rey en el siglo XVI, es además un punto de visita obligada para los turistas que se acercan a Hondarribia.

Tras perder su función militar, fue cedido al Ayuntamiento a mediados del siglo XIX, pero al ser costoso su mantenimiento volvió a manos del Estado. Cuando iba a ser vendido a un particular en 1928, María Cristina, nieta de Alfonso XIII, intervino alarmada y pasó, de nuevo, a ser propiedad municipal. Fue acondicionado para ser visto por el público hasta que en 1966 se rehabilitó y acondicionó para convertirse en Parador.
Juan Carlos López, segundo jefe de recepción, cuenta que los clientes «buscan este tipo de edificio. Paradores es una red que dispone de alojamientos en enclaves emblemáticos y, quien viene, busca eso. Les suele sorprender cómo es el edificio por dentro, ya que es muy diferente al exterior que se caracteriza por su sobriedad».

La zona de la recepción y la cafetería, con una gran altura y pendones adornando las paredes, dan la bienvenida. El patio permite ver la única parte del castillo medieval y, en la segunda planta, está el salón de tapices con ochos piezas «espectaculares» sobre la vida de Aquiles realizados sobre los bocetos de Pedro Pablo Rubens. «Esta espacio suele ser muy visitado y también el patio. Al cliente le gusta salir a la terraza y le maravilla las visitas que hay de la bahía», detalla López.

Este alojamiento, situado en Arma Plaza, suele recibir «sobre todo a cliente extranjeros», excepto en fechas señaladas como puede ser la Semana Santa o el verano cuando «hay más presencia de turistas nacionales». Franceses, alemanes, estadounidenses y, en especial, británicos destacan entre su clientela, según el segundo jefe de recepción.

López concluye poniendo en valor lo que supone el Parador para Hondarribia, ya que recuerda que «no es sólo un hotel. Es uno de los puntos de interés que tiene la ciudad y al que se acercan muchos turistas». De hecho, algunos optan por entrar a conocerlo de manera particular y otros lo hacen con las visitas guiadas que organiza la oficina de turismo situada en Arma Plaza.

Hotel Obispo
«La terraza con jardín es un valor añadido importante»
El Hotel Obispo abrió sus puertas en 1990 en lo que fue una importante casa torre medieval, ya que estaba situada en un lugar estratégico junto a la antigua muralla. Esta construcción fue una de las pocas que sobrevivió al incendio de 1498. Poco después de esa fecha, en 1502, nació en esta casa el obispo Cristóbal de Rojas y Sandoval, capellán de Carlos V y protector de Teresa de Jesús.
Su transformación en un alojamiento se produjo a finales del siglo pasado. Bittor Alza, su director, que procede de una familia de hosteleros, recuerda que «desde una inmobiliaria nos ofrecieron el edificio y vimos que por sus características se adaptaba muy bien a un hotel». No fue necesaria una gran obra porque «diez años antes había sido rehabilitado para un proyecto de viviendas, así que aprovechamos el 80% de lo que se había hecho».

Aunque la fachada sí conserva partes originales, no ocurre lo mismo en el interior donde el inmueble está reformado completamente. «Todo es nuevo», precisa Alza, a pesar de que algunos clientes se piensen que se mantienen elementos de aquella época. Y es que la remodelación se hizo «en base a lo que era un edificio histórico» con la excepción de la decoración que «tiene un toque más alegre y con colores vivos».
La experiencia de alojarse en un hotel como el Obispo es, sobre todo, muy atractiva para extranjeros de países como Estados Unidos, Canadá o Australia. «En esos lugares no existen cascos históricos como el de Hondarribia, no hay nada parecido, y les llama mucho la atención el poder estar en un edificio así pero con todas las comodidades del siglo XXI», apunta su director.

La parte más conocida, por ser la más visible sin necesidad de entrar en el recinto, es la que da a la plaza del Obispo. Sin embargo, Alza tiene claro que «la más espectacular es la fachada sur, la que mira al río Bidasoa, porque se ve toda la profundidad de los muros de 1.80 metros». Precisamente, las habitaciones que tienen esta orientación «son muy grandes por la propia distribución del edificio, en algunos casos tienen 35 metros cuadrados, y cuentan con una terraza con sus gárgolas que sorprenden al cliente».

Hotel Palacete, en la Plaza Gipuzkoa del Casco Histórico de Hondarribia

Uno de los puntos fuertes de este alojamiento son las zonas exteriores. Cuenta con una terraza con jardín «donde suelen desayunar las personas alojadas y supone un valor añadido muy importante». Al margen del atractivo histórico, la gastronomía es fundamental. «Es lo que prima para los extranjeros», dice el director del Obispo.

Este hotel oferta cursos de cocina para grupos, normalmente americanos. Explica que «les encanta y lo que se prepara en el curso es lo que se cena». No sólo eso, sino que también acuden a conocer como funcionan las sociedades y a comer pintxos. «Para ellos, la gastronomía es lo más importante y, después, lo histórico», concluye.

Hotel Palacete
«Al cliente le atrae el entorno que es tranquilo y relajado»
Los orígenes del inmueble en el que está el Hotel Palacete son mucho más recientes que los dos casos anteriores. En este caso, hay que tener en cuenta su ubicación. Y es que Gipuzkoa Plaza fue construida hace menos de 50 años. Diseñada por el arquitecto Manuel Manzano-Monís en 1965 es una recreación historicista de ahí que, a primera vista, pueda parecer una plaza medieval. Esos rasgos hacen que algunos de los edificios parezcan de una época anterior.

Lo que desde 2004 es el Hotel Palacete «se levantó en un principio para ser una vicaría», cuenta su gerente Mayi Etxebeste. Pero, al parecer, «según tengo entendido lo consideraron un edifico demasiado ostentoso y lo tuvieron como registro de papeles. Luego, fue vendido a una familia antes de que lo cogiéramos nosotros».

El exterior «se ha mantenido igual» y el único cambio que se ha producido es la entrada al alojamiento. El acceso, en lugar de hacerse por la fachada principal que da a la plaza, se realiza por la terraza. Es precisamente este espacio «uno de los que más gusta» y no sólo a los clientes. Etxebeste comenta que «muchos nos recuerdan que aquí jugaron a pelota», ya que en su día había un frontón en lo que es la pared de la actual terraza.

La gerente del Hotel Palacete señala que gran parte de la gente que opta alojarse en este establecimiento acude «porque está situado en una zona histórica y el entorno del inmueble es muy tranquilo y relajado. Aunque hay de todo, la mayoría han visto fotos previamente y les atrae el lugar en el que estamos».

No obstante, no es lo mismo ver una imagen, que vivirlo. Y dormir en estos hoteles y recorrer la parte vieja hondarribitarra hace que muchos clientes «alucinen», en especial «extranjeros que no están acostumbrados a ver este tipo de zonas antiguas históricas». Etxebeste añade que del interior del Palacete «la habitación más bonita y que puede ser la más especial es la suite, que antes era un salón y tiene un mirador enorme a Gipuzkoa Plaza».