HONDARRIBIA, LOS ENSANCHES DEL SIGLO XX

Visita guiada organizada por la Asociación Hondae

Son claves para entender el desarrollo urbano de la ciudad y su configuración actual. El arquitecto Santiago Noain guió una visita, organizada por Hondae, en la que repasó las características principales de estas zonas


JOEL IGLESIAS

EL DIARIO VASCO
HONDARRIBIA.
4 de mayo de 2013


Muchas veces, al mirar al pasado de Hondarribia, nos remontamos a la época medieval. Y sí, por supuesto que es necesario hacerlo, ya que nos dejó un legado patrimonial de gran valor con un Casco Histórico del que pocas localidades pueden presumir. Pero no menos importante es conocer lo ocurrido hace apenas unas décadas, durante la primera mitad del siglo XX, para entender la configuración de la ciudad hoy en día.

El arquitecto Santiago Noain puso luz sobre este asunto en una visita guiada que organizó la asociación Hondae hace varias semanas. Abordó el desarrollo urbanístico de Hondarribia entre 1900 y 1970, años en los que la localidad creció, principalmente, a través de tres ensanches que modificaron significativamente la estructura de la ciudad. Durante el paseo, también se refirió a diferentes edificios que poseen cualidades arquitectónicas singulares.

Para entender la transformación del municipio durante el siglo XX, hay que situarse en una Hondarribia cuya «posición estratégica va perdiendo peso y tiene la necesidad de reinventarse. La Municipalidad pensó que era necesaria más gente, más masa crítica y que había que buscar dónde meterla. Y al final, se optó por el entorno de La Marina, que era un polo de atracción», contó Noain.

El crecimiento de la población fue exponencial a finales del siglo XIX hasta el punto de pasar de 800 habitantes a los algo más de 5.000 contabilizados en 1910, según dijo el arquitecto hondarribitarra. El primer ensanche, que comprende el Paseo Butrón y su entorno, fue diseñado por Juan José Aguinaga. Los edificios eran construcciones de planta baja y tres pisos, e iban dirigidos «a la nueva burguesía que estaba surgiendo en la época. No se construyeron para la clase popular de los pescadores, que allí ni iban ni podían comprar, ni tampoco para los grandes potentados que se fueron hacia la zona del faro a hacer grandes villas».

Ciudad jardín

Antes de 1920 se pone en marcha el proyecto del segundo ensanche que tendría una configuración muy diferente. Ángel Fernández de Casadevante planteó una ciudad jardín para todo el espacio que va desde Miramar hasta lo que es el actual barrio de El Puntal. Noain señaló que, a la hora de concebir cómo ocupar este terreno ganado al Bidasoa, «probablemente se pensó mucho en el tipo de usuario que en aquella época quería residir con su familia en una villa que tuviera su propio jardín».

A juicio del arquitecto hondarribitarra, «el plan de Aguinaga resolvió muy bien la necesidad de espacio y el diseño de Casadevante fue acertado porque, si hubiese cogido la idea del Paseo Butrón y la hubiera multiplicado en semejante cantidad de espacio, sería un barrio poco atractivo comparado lo que tenemos ahora».

No obstante, precisó que posteriormente «se han engarzado con algunos errores que han desvirtuado estos entornos. Eran planes que en su origen eran mucho más interesantes, como en el caso de Kai Zaharra, concebido como un espacio que respira entre los dos ensanches y hace un poco de bisagra. Pero después se hizo una explanada y eso, en mi opinión, fue un error».

El tercer ensanche dio sus primeros pasos cerca de 1930 cuando se construyó la carretera que atravesaba la campiña. A partir de ese camino, cada uno se iba creando su parcela y se encargaba de reurbanizar su propio espacio. «Es el que menos me gusta de los tres porque su crecimiento ha sido una especie de mancha de aceite sin orden», reconoció Noain.

Durante el paseo, en el que se recorrieron los dos primeros ensanches, nombró a varias personas que influyeron en esta expansión de la ciudad. Destacó el papel de Francisco Sagarzazu, que fue alcalde con Primo de Rivera y, después, desde la Guerra Civil hasta finales de los años 50. Sobre él comentó que, «al margen de la opinión que pueda generar como político y las formas autoritarias de la época, fue una persona muy audaz. Consiguió que Hondarribia saliera en periódicos de Madrid y para eso había que tener contactos. Además, se rodeó arquitectos de mucho nivel. Sería como traer hoy, por ejemplo, a Moneo».

Miramar

Noain relató que «formó un binomio con el arquitecto Pedro Muguruza. Cuenta la leyenda que prácticamente diseñaban juntos. Además, Muguruza era también una persona bien posicionada entre los funcionarios franquistas. Imagino que eso atraería a gente pudiente». Precisamente, intuye que esas relaciones conllevarían una serie de favores que influyeron en la construcción de una «mole» como Miramar. En caso contrario, el arquitecto hondarribitarra no encuentra razones para una edificación de ese tipo junto al Bidasoa.

De hecho, apuntó a que «es posible que a Sagarzazu no le pareciera un proyecto interesante, pero igual no pudo decir que no. Es evidente que es un edificio demasiado grande y que encima causa una fractura en el punto de encuentro entre la ciudad jardín y La Marina. Te tapa el río en la entrada al pueblo y no te deja ver la secuencia de kai Zaharra. Es un mamotreto y no hay nada similar en la ciudad que tenga ese perfil. En arquitectura hay una norma de sentido común que es: hazte amigo de lo que tienes cerca».

Más allá de que uno pueda o no estar de acuerdo con ésta y otras apreciaciones, las diferentes explicaciones de Santiago Noain fueron muy enriquecedoras para todos los ciudadanos que acudieron al paseo guiado. Así se lo hicieron saber al término del mismo, que se prolongó durante más de dos horas. Como bien dijo el arquitecto hondarribitarra al inicio del recorrido, «no se puede aspirar a tener un pensamiento critico sin tener conocimiento». Desde luego que estas pequeñas lecciones de historia ayudan. Y mucho.